El 2026 no será un año de crecimiento fácil ni de inercias cómodas. Será un año donde el punto de venta (PDV) se convertirá, más que nunca, en el centro de todas las decisiones estratégicas.
Un año donde la ejecución dejará de ser “lo que sucede al final” para convertirse en el verdadero motor del negocio.
Esto obliga a las marcas a afrontar una realidad incómoda:
👉 Seguir gestionando el PDV a ciegas ya no es una opción.
Durante años, muchas compañías han trabajado con visibilidad parcial: datos fragmentados, auditorías puntuales, información que llega tarde, informes que no reflejan lo que vive el shopper, decisiones que parten de supuestos y no de observación real.
En un entorno estable, esa forma de trabajar puede sobrevivir.
En 2026, esa forma de trabajar tendrá un coste enorme.
Porque este será el año del control, del dato útil, de la ejecución medida, de la reacción rápida y de la coordinación real entre fabricante, distribuidor y punto de venta. Y quien no vea, no podrá competir.
Pero… ¿Por qué 2026 es el punto de inflexión para el control del PDV? El sector no cambia por un único motivo, cambia por el choque simultáneo de varias fuerzas que convierten el PDV en el terreno más crítico del negocio. Así que si te interesa, toma asiento porque en este artículo vamos a detallar cada una de ellas.
1. El shopper será más sensible al precio… y más exigente con la experiencia
La inflación moderada no solo impactará en el ticket: transformará la forma en la que el shopper evalúa valor. No estamos ante un consumidor que “simplemente quiere pagar menos”, sino ante uno que:
- Redistribuye su presupuesto según prioridades reales, no impulsos.
- Evalúa el coste de oportunidad de cada compra (“si llevo esto, ¿qué dejo fuera?”).
- Analiza señales visuales como indicadores de confianza (orden, disponibilidad, coherencia de gama).
- Espera una experiencia de compra sin fricciones, especialmente en categorías sensibles al precio.
- Usa el punto de venta como comprobación final de su percepción digital.
El consumidor de 2026 será más técnico sin saber que lo es. Mirará el lineal buscando pistas:
- ¿La categoría está ordenada?
- ¿El PLV coincide con lo que vio online?
- ¿El precio está alineado con la promesa?
- ¿El producto aparece donde espera encontrarlo?
Además, la sensibilidad al precio convive con una necesidad creciente de justificación emocional:
- Si el producto le hace sentir que decide bien, lo elige.
- Si le genera dudas, lo descarta en segundos.
Esto nos lleva a una conclusión técnica clave:
👉 El shopper no paga por el producto. Paga por la ausencia de riesgo percibido.
Y ese “riesgo” no se elimina con campañas, sino con:
- Facing consistente.
- Categorías comprensibles.
- Disponibilidad asegurada.
- Comunicación clara en punto de venta.
- Orden visual que reduzca el esfuerzo cognitivo.
- Coherencia entre estrategia omnicanal y realidad de tienda.
📈 ¿Qué implica esto para las marcas?
- Deberán demostrar valor, no solo declararlo.
- Necesitarán categorías que se lean rápido, porque el shopper reducirá tiempo de decisión para proteger su presupuesto.
- Tendrán que eliminar microfricciones: un stopper mal colocado puede costar más que una subida de precio.
- Será obligatorio alinear precio, pack, PLV y presencia real: cualquier incoherencia activa la percepción de riesgo.
- Las promociones deberán ser claras, visibles y bien ejecutadas para evitar desconfianza.
🧠 Y para el retailer:
- El lineal ya no será un espacio: será un gestor de confianza.
- Controlar rupturas tendrá un peso mayor en satisfacción y fidelidad.
- La MDD deberá justificar precio con consistencia de ejecución, no solo con posicionamiento.
2. La MDD seguirá creciendo, pero el valor de marca dependerá de la ejecución
El mix fabricante–MDD será uno de los focos del año.
La MDD seguirá ganando terreno, especialmente en categorías donde:
- La diferenciación es baja.
- La elasticidad precio es alta.
- La confianza en el retailer pesa más que la historia de la marca.
Pero la marca fabricante no está en desventaja si trabaja bien: ✨ donde la ejecución es buena, la marca fabricante recupera venta, margen y relevancia.
3. La omnicanalidad dejará de ser plan estratégico para convertirse en estándar mínimo
Durante años, las marcas hablaban de omnicanalidad como un proyecto a futuro.
En 2026 ya no será un objetivo: será una obligación.
El shopper exige coherencia absoluta entre:
- Lo que ve en redes.
- Lo que ve en e-commerce.
- Lo que encuentra en tienda.
- Lo que lee en pack.
- Lo que le comunica el PLV.
Cuando la experiencia no cuadra, la percepción de marca se rompe. Y corregir inconsistencias cuesta mucho más que evitarlas.
La única manera de garantizar esta coherencia es tener control constante del PDV.
4. Las promociones serán más tensas… y más determinantes
Será el año de “promo más inteligente”. Pero incluso la mejor promoción fracasa si: no aparece en el lineal, el PLV no se coloca, el precio no coincide, la activación pierde visibilidad y el stock falla.
Los departamentos de trade marketing podrán dedicar horas a diseñar una promoción perfecta. Pero si nadie valida su ejecución, el resultado puede evaporarse en minutos.
👉 Sin control del PDV, no existe promoción efectiva.

5. La eficiencia será una prioridad absoluta
La mayoría de empresas prevé crecer en 2026, pero no a cualquier precio.
Habrá que crecer: con menos gasto, con más rigor, con mejores decisiones y con menos margen de error.
Esto significa una cosa: 👉 El PDV será el termómetro real de la eficiencia.
Una ejecución correcta ahorra:
- Tiempo.
- Reposiciones.
- Correcciones.
- Sobreinversión promocional.
- Negociaciones defensivas.
- Pérdida de distribución.
No controlar el PDV costará más que nunca.
¿Qué significa “gestionar el PDV a ciegas”?
Cuando una marca no controla la realidad diaria del punto de venta, ocurre lo siguiente:
🚫 1. Roturas invisibles durante horas (o días).
🚫 2. Ejecuciones asumidas… pero no validadas.
🚫 3. Campañas que se diluyen.
🚫 4. Planogramas que pierden sentido.
🚫 5. Decisiones basadas en lo que dice un Excel, no la tienda.
La nueva realidad: controlar el PDV no es vigilar, es garantizar competitividad
Las marcas que quieren crecer en 2026 necesitarán tres capacidades nuevas:
1. Visibilidad continua, no puntual
Las auditorías mensuales ya no son suficientes. Cuando la rotación es alta y el shopper cambia rápido, se necesita información prácticamente en tiempo real: niveles de stock, rupturas, facing, ubicaciones, activaciones, precios, promo visible, competencia y cambios en layout
Los equipos que reaccionen en 24–48 horas tendrán ventaja.
Los que esperen informes semanales llegarán siempre tarde.
2. Decisiones basadas en ocasiones de consumo, no en productos
El retail de 2026 será más emocional y más funcional a la vez. Se comprará por intención: desayuno, impulso, reposición, indulgencia, conveniencia, “me lo merezco”, on-the-go.
Por eso las marcas necesitan reorganizar el PDV con un enfoque basado en ocasión, no en catálogo.
Las marcas que comprendan “por qué” compra el shopper cerrarán el año ganando.
Las que se centren solo en “qué” compra… perderán relevancia.

3. Alineación real entre equipos internos
Marketing, Trade, Ventas, Supply. El 2026 castigará los silos.
Cuando cada departamento interpreta el PDV de forma distinta:
- La ejecución no se corresponde con la estrategia.
- Las promociones no funcionan como deberían.
- Los equipos comerciales pierden argumentos.
- Las decisiones de surtido se toman sin datos reales.
Toda marca debe entrar en 2026 con una premisa: 👉 O todos trabajamos con la misma realidad, o trabajamos en falso.
¿Qué deben hacer las marcas para dominar el control del PDV en 2026?
1. Crear un sistema de auditoría continua del PDV
- Checklists basadas en KPIs.
- Fotografías homologadas.
- Validaciones inmediatas.
- Alertas de rotura y desviación.
- Procesos de corrección claros.
2. Reforzar la figura del GPV (y profesionalizar su rol)
- Lectura técnica de tienda.
- Anticipación de problemas.
- Relación directa con responsables.
- Capacidad de corrección inmediata.
Un GPV bien equipado es una ventaja competitiva.
3. Modernizar el uso del dato
Las marcas deberán aplicar:
- Análisis predictivos.
- Seguimiento dinámico de categorías.
- Control diario de KPIs visuales.
- Automatización de reportes internos.
- Integración de datos de PDV con CRM y BI.
La tienda ya no es un espacio físico: es una fuente de datos.
4. Integrar ejecución y estrategia en un único flujo
Un 2026 eficiente pedirá que:
- Cada campaña incluya un plan de ejecución.
- Cada promo tenga checklist asociado.
- Cada activación cuente con seguimiento.
- Cada lineal tenga un responsable claro.
- Cada corrección sea validada con fotos.
5. Trabajar por hipótesis, no por costumbre
Cada categoría tendrá que responder:
- ¿Qué mueve realmente la decisión?
- ¿Qué frena la conversión?
- ¿Qué activa la comparación?
- ¿Qué gana espacio… y por qué?
Las marcas que dominen el control del PDV tendrán un 2026 más rentable, más estable y más competitivo.
Las que no lo hagan… dependerán de decisiones que nunca se verán reflejadas en tienda.
Y en retail, la tienda es la única verdad.
2026 será el año del control.
La pregunta es: ¿estás preparado para verlo todo?
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